100 MUJERES

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Noé Ruiz

Es una de las dos mujeres que se sienta en la mesa chica de la CGT. Sostiene que sus compañeros sindicalistas han cambiado, pero no tanto como para aceptar que una mujer ocupe sus puestos.

Por Agustina López

10 de mayo de 2018

La vida de Noé Ruiz parece ser una cadena de hechos contradictorios. Siendo mujer, se sienta en la mesa chica de la CGT (Confederación General del Trabajo de la República Argentina). Siendo hija de una familia acomodada, fue madre a los 16 años. Crió a su hijo mientras trabajaba como modelo de alta costura, repartiéndose entre desfiles y campañas en el exterior.

Cuando recién se estaba introduciendo en el intrincado mundo sindical, la primera persona que la llamó “dirigente” fue Domingo Cavallo.

Ruiz es la representante del sindicato de Modelos y una de las dos mujeres en la dirigencia de la CGT (la otra es Sandra Maiorana, de Médicos). También está al frente de la Secretaría de Género y Oportunidad. Y es desde ese lugar que trabaja para evitar que sus aparentes contradicciones sean una excepción y se conviertan en una situación cotidiana.

Sus objetivos son lograr el reconocimiento de los modelos como trabajadores con derechos y no como objetos con una vida útil limitada y la inclusión de la mujer en una situación de igualdad laboral.

“Los compañeros sindicalistas han cambiado, pero no tanto como para darnos a las mujeres sus puestos. Si la mujer quiere cambios, tiene que afiliarse. Hay que dejar de pensar que es una traba para crecer en el trabajo”, dice.

Aún hoy, después de décadas en la CGT, siente la exclusión machista en los gestos cotidianos: en diciembre, cuando se discutía la reforma laboral, no le avisaron de la reunión ni la incluyeron en la lista.

Se crió en una familia de dinero. Su padre era un empresario español que logró una buena posición invirtiendo en distintos emprendimientos inmobiliarios. Ella pasó su infancia entre clases de ballet, lecciones de piano, colegios de primer nivel y desfiles de moda, a los que empezó a ir desde muy joven. Justamente un agente la vio en uno de esos eventos y le propuso empezar a modelar alta costura: era 1973, ella tenía 15 años, las piernas largas y el pelo muy rubio.

Se dedicó al modelaje. A los 16 quedó embarazada y tuvo a su hijo Pablo justo cuando terminó el colegio. Nunca hubo padre. Su familia la apoyó pero ella rápidamente usó sus ahorros para comprar un departamento y contrató una niñera.

A los desfiles y a las campañas iba siempre con dos bolsos: uno con cosméticos, otro con pañales y mamaderas.

Al sindicalismo llegó “casi de casualidad”. A fines de los ‘80, instalada en España, seguía modelando. Pero también pensaba en abrir un centro para que las mujeres pudieran dejar a sus hijos e ir a trabajar.

Alguien de la Asociación de Modelos de Argentina, sabiendo de sus intereses, la contactó para que diseñara un proyecto para crear una obra social que garantizara cierta cobertura de salud y tuviera en cuenta lo irregular de la profesión. Al principio dudó pero después aceptó el desafío.

“Casi que ni sabía lo que era un sindicato, menos de convenios internacionales y obras sociales. Tuve que informarme y hacer cursos de economía. descubrí un mundo muy duro en los sindicatos”, recuerda.

Poco después, desembarcó en Argentina, se informó y elaboró un plan. Inscribió a la Asociación de Modelos en la CGT y pidió una reunión con el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, para contarle su propuesta de obra social para los modelos.

“Se que tenía todo para que me peguen: rubia, modelo y nariz parada”, sostiene. De hecho, el ministro comenzó la reunión ninguneándola pero antes de concluir el encuentro terminó reconociéndola como dirigente. A partir de entonces no paró de ascender en la estructura del sindicato.

Su lucha sindical no se circunscribió sólo a Argentina. En los ‘90 fue a República Dominicana para apoyar la lucha de los trabajadores de Nike, que tenían duras condiciones de explotación. Esa experiencia la marcó a fuego. En un segundo comprendió que no había edad para morir. “La policía le disparó a un chico en plena protesta y él se murió al lado mio. Me agarró del pantalón, apenas pude tocarle la mano”, rescata de su memoria.

A fines de los ‘90 llegó a la secretaría general. Desde esa posición impulsó la ley de cupo sindical (que prácticamente no se cumple) y se hizo cargo de la  secretaría de Género y Oportunidades de la CGT. Hoy mantiene su lucha por “un mundo más justo y equitativo” aunque reconoce “yo no lo voy a llegar a ver”.

NOEEE

Nombre: Noé Ruiz
Edad: 59 años
Profesión: Lic. en Comunicación, Modelo
Sector en el que trabaja: CGT, es secretaria general de la Asociación de Modelos Argentinos
Lugar de Nacimiento: Ciudad de Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Ciudad de Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
El profundo amor que siento por mi profesión y el respeto por el otro. Pienso que este trabajo no es para mí, es para aportar hacia algo mejor. Busco que se entienda que la organización que yo represento no es una organización del glamour. Nosotros somos hacedores, a través de nuestra imagen, del PBI y del consumo. Siempre me estoy preguntando qué puedo hacer yo desde mi lugar para construir un mundo más justo o equitativo.

2. ¿Qué te hace feliz?
Ver a mi hijo avanzar. Nosotros nos criamos juntos. También me gusta leer y estudiar. Pero el nacimiento de mi hijo Pablo es el recuerdo más feliz que tengo. Fue cuando tenía 16 años. Fue un desafío, me costó mucho: iba a los desfiles con mi hijo literalmente bajo el brazo y un bolso con ropa en el otro.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Cuando veo la pobreza, cuando veo a jóvenes que por determinadas situaciones de la vida pueden quedar marginados. Hace una semana me estaba costando dormir… Yo sigo muy de cerca los proyectos de innovación tecnológica y quiero que el país entienda que deben existir este tipo de desarrollos. Pero también pienso que en este proceso de innovación puede quedar mucha gente excluida y que tenemos que poder prever y dar respuesta a eso.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
El egoísmo y el egocentrismo. Sobre todo en la política y en la economía. Tal vez está en la naturaleza del ser humano ser así pero creo que la economía debe tener como objetivo el bienestar social. Tenemos que reformular muchas cosas. Lamentablemente en el mundo sindical no todos tenemos esta visión. También hay mucho egocentrismo en la dirigencia sindical.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Quería ser bailarina clásica. Tomé clases de baile y de piano, eran parte de mi educación. Siempre pedía que me lleven al Colón a ver a bailar y también a los desfiles. Una persona que me inspiró muchísimo cuando entré en el modelaje es Karin Pistarini. Fue la primera secretaria general de nuestra agrupación, la que armó nuestra institución pensando en el futuro. Era una mujer brillante aparte de muy bella.

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